Instituto Egipcio de Estudios Islámicos. Madrid 1993

Instituto Egipcio de Estudios Islámicos. Madrid 1993

LAS CELOSÍAS DE ANTONIA VALERO . 

Antonio Zarco

Celosía: enrejado de listoncillos que se pone en las ventanas para que las personas que están en lo interior puedan ver sin ser vistas.  (Diccionario de la Lengua Española de José Alemany.)

La anterior definición que de celosía da el diccionario, contiene ya en sí misma elementos suficientes para intentar penetrar en algunos de los varios, posibles y sugerentes significados: ‘lo interior», «ventana», «ver sin ser visto», lo cual supone y crea inmediatamente los conceptos opuestos o complementarios: «lo exterior», «ser visto sin ver» , todo ello enmarcado (nunca dicho con más precisión) por una ventana, paradigma a su vez de todo cuadro. Tenemos de este modo una sugerencia espacial, limitada por el marco (¿de la ventana?, ¿del cuadro?) que a su vez define dos modos o tipos de espacio: espacio interior (¿físico?, ¿metafísico?, ¿espiritual?) Y espacio exterior (también en las tres posibilidades citadas), y un elemento plano (o cuasi) que los separa: la celosía. La celosía se constituye así en la frontera o barrera que media entre dos formas de entender no solo el espacio, sino sobre todo, el modo de habitarlo. Aquí está la clave del trabajo que con estas palabras intento aproximar al posible espectador.

Toña ha elegido no lo que podríamos denominar «interior» , al modo de los pintores del XVII, y sus derivaciones, ni tampoco «exterior» entendido este como «paisaje» en general, sino algo mucho más sutil, «delgado» , misterioso e inconsistente desde el punto de vista de lo físico: esa barrera que separa los dos modos de habitar el espacio. En uno de ellos están el silencio, la quietud, la soledad, la tensión que todo ello produce, el descubrimiento del propio interior personal y a través del mismo el del interior universal, supremo, Místico: el espacio de Dios

En el espacio» del otro lado» están el mundo cotidiano, sus ruidos, actos, movimiento vida exuberante (o mezquina); la luz, el color, la materia activa, en suma el espacio del hombre.

Pero no podemos olvidar que los dos grandes místicos españoles, que a Valero le han alimentado en la labor cuyos resultados tenéis delante, son dos místicos que, en lo radical de su postura, «crean o inventan» una nueva experiencia de ese contacto con el espacio de Dios mismo. Teresa de Ávila y Juan de la Cruz «se descubren» embarcados, transportados, raptados hacia ese terrible, supremo e incomunicable acto espiritual que es el encuentro con lo esencial, y que en otros modos de espiritualidad (no digo religiones) se traduce en una renuncia casi total al mundo cotidiano y activo, en un abismarse en si mismos, en un silencio, quietud e inacción que son como un anticipo de la disolución total en lo supremo. Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, muy al contrario, reciben de ese «encuentro» aniquilante, una extraña energía que les empuja hacia «afuera», a la acción, al mundo: traspasan la CELOSÍA que separa los dos espacios, los comunican y a la postre descubren a Dios, también entre los pucheros. El misticismo español es un misticismo materializante, vital, que está muy cerca del erotismo, y que en cierta medida, burla burlando, y de la mano de Dios, anticipa en cuatro siglos las teorías que hoy intentan enlazar ambas experiencias: la mística y la erótica.

Antonia ha elegido bien. No se ha quedado en el espacio interior solo, ni ha saltado al exterior solo, se ha quedado en la línea divisoria, en la bisagra que conecta los dos mundos, en la sutil pared casi transparente que es la Celosía. Para ello ha elegido, muy a lo Teresa de Ávila, materiales del mundo cotidiano; madera, papel, telas metálicas, poca pintura, apenas nada El resultado es íntimo, no espectacular, desnudo de toda retórica, cercano a un «voto de pobreza» hecho ante la pintura, y es de rigor anotar con que pulcritud, con que enamoramiento ha manejado estos materiales, con la misma parquedad y ternura con que Juan de la Cruz maneja sus palabras, con el mismo ardor contenido, haciendo del número y la medida una sutil ecuación con la materia de todos los días. Y si Antonia Valero está en la línea divisoria ¿donde sitúa al espectador? Justamente a ambos lados de esa línea; podemos ante estas obras ponernos «detrás» de ellas o delante, lo cual no es, hay que decirlo, más que señalar, una vez más, lo que ha hecho siempre la pintura y el arte en general. El autor queda siempre en y detrás de su obra «mirándonos sin ser visto»; el espectador, queda delante, viendo la obra sin saber que la obra, y a su través el autor, le están mirando desde detrás. Pero si logra abrir la celosía, si penetra a través de su tejido, más o menos tramado, llegará dentro. La comunicación en el arte, cuando se da, es otra especie de acercamiento a lo absoluto. Y aquí tenemos para ello una buena ocasión, una casi ascesis plástica que es un punto de partida para otros encuentros.

By | julio 2nd, 1993|Individuales|Comentarios desactivados en Instituto Egipcio de Estudios Islámicos. Madrid 1993

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Egyptian Institute of Islamic Studies. Madrid 1993

THE BLINDS OF ANTONIA VALERO. 

Antonio Zarco

Lattice: Lattice of louvers that is placed on windows for people who are on the inside can see without being seen. (Dictionary of the Spanish Language Joseph Alemany.)

The above definition lattice the dictionary already contains in itself enough to try to penetrate some of the various, possible meanings and suggestive elements «within», «window», «see without being seen», implying and created just the opposite or complementary concepts: «outside», «being seen without seeing» all framed (I never said more precisely) from a window paradigm turn around box. We have thus suggested a space bounded by the frame (window box ?,?) Which in turn defines two modes or types of space: (physical ?, metaphysical spiritual interior ?,? ) and outer space (also mentioned in the three possibilities) and a plane (or quasi) separating element lattice. The lattice thus becomes the border or barrier separating two ways of understanding not only space but mainly inhabit mode. Here is the key to working with these words attempt to approximate the potential viewer.

Toña has chosen not what we might call «inner» mode painters of the seventeenth, and its derivations, nor «outside» understood as «landscape» in general, but something much more subtle, «thin», mysterious, inconsistent from the point of view of the physical: the barrier that separates the two modes of inhabiting space. In one of them is the silence, stillness, solitude, stress that all this occurs, the discovery of personal inner self and through it the universal interior, supreme Mystic: God’s space

In the «other side» are the everyday world, its sounds, acts, lush (or mean) life movement; light, color, the active ingredient in short space of man.

But we can not forget that the two great Spanish mystics, that Valero have fed you in the work whose results have before, are two mystics who, as radical posture, «create or invent» a new experience that contact with space God. Teresa of Avila and John of the Cross «discovered» loaded, transported, raptured into that terrible, supreme and incommunicable spiritual act that is the encounter with the essential and other modes of spirituality (not saying religion) results in a almost total resignation to everyday and working world in a abismarse in themselves, in silence, stillness and inaction that are like a foretaste of the total solution in the highest. John of the Cross and Teresa of Avila, on the contrary, are of the «encounter» overkill, a strange energy that drives them «out», to action, to the world: cross the LATTICE separating the two spaces, communicate and ultimately discover God also among the pots. The Spanish mysticism is a mysticism materializing, vital, which is very close eroticism, and to some extent, mockery mocking, and the hand of God, anticipates four centuries theories are now trying to link the two experiences: the mystique and erotic.

Antonia has chosen well. It has not been left inside single space, nor has jumped to the outside only, has been in the line, the hinge connecting the two worlds, in the subtle almost transparent wall that is the Gauntlet. For it has chosen very far Teresa of Avila, materials of the everyday world; wood, paper, cloth, little paint, hardly anything The result is intimate, not spectacular, naked from all rhetoric, close to a «vow of poverty» done before painting, and is de rigueur to note that neatness, that infatuation he has handled these materials, with the same parsimony and tenderness with which Juan de la Cruz manages his words, with the same ardor content, making the number and measure a subtle equation with stuff every day. And if Antonia Valero is on the line where are places the viewer? Precisely on either side of that line; these works we can to get «behind» them or in front, which is not, frankly, rather than point out once more, which has always done painting and art in general. The author is always on and behind his «watching without being seen»; the viewer is in front, watching the play without knowing that the work, and through it the author, is watching from behind. But if he can open the lattice, if penetrates through the fabric, roughly hatched, will come inside. Communication in the art, when given, is another kind of approach to all. And here we have a good chance to do so, an almost ascetic plastic which is a starting point for other games.

 

By | julio 2nd, 1993|Personal|Comentarios desactivados en Egyptian Institute of Islamic Studies. Madrid 1993

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