Conferencia: obras son amores, y no buenas razones

Conferencia: obras son amores, y no buenas razones

Empezaré hablando con sumo cuidado. Tratando de tomar la distancia suficiente para alejarme de mí trabajo. Y no sin hacerme antes una pregunta crucial: ¿cómo podemos hablar de lo que nos resulta más cercano sin temor a equivocarnos?. Esto es un enigma. Toda obra de arte creo que lo es.

Los enigmas nos sirven, por lo menos, para intentar resolverlos. Para hacer gasto del tiempo. En este caso, el enigma va unido de un modo inseparable a su esencia y es más difícil desentrañarlo.

Ésta es una buena ocasión para exponer algunas cuestiones, que a modo de señales balbucientes, se dejan entrever y entredecir en la manera de proceder con mi trabajo.

(El negro)

Los colores que habitualmente utilizamos están ya de alguna manera presentidos en nuestra memoria de tiempos pasados, y es posible que algunos vean la luz gracias a la necesidad que tenemos de mostrarlos.

El color estará en función de nuestra percepción sensorial, objetual, cultural simbólica, y de la concienciación de la inevitable levedad del ser.

El color imaginado y ya deseado depende por tanto de todas nuestras sensaciones y percepciones, y del talante que adoptemos frente a ellas de acuerdo con los dictados del alma. Pues el alma está compuesta de una sustancia espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, que informa al cuerpo humano y con él constituye la esencia del hombre. Y es bien sabido que los deseos del alma se cuelan con facilidad en ciertos huecos para darles solidez. Es por eso que cuando el alma se enamora de la idea del color e intenta poseerla, ésta toma cuerpo y se hace visible. De la intensa unión entre alma e idea-color nace el cuerpo del color. Color corpóreo y físico capaz de revelar con su presencia la impronta del alma que lo ha creado.

El negro, es uno de los colores que más suelo utilizar. Así por ejemplo, se puede considerar que dentro del lenguaje de la pintura mi trabajo es casi monocromático. Digo casi, porque me gusta hacer uso del mayor o del menor grado de luminosidad que ese color contiene y también del matiz, o sea, de su fuerza o su pureza. De que esté más o menos saturado.

Con la utilización del color negro, la pintura y los objetos se llenan de resonancias, de fragmentos, de memoria. Se van acumulando y conforman un cuerpo cada vez más consistente.

Por otra parte, el negro nos muestra su eterna opacidad y ejerce sobre nosotros la fascinación de un gran contenedor de lo que no se deja ver, de un magma de pasiones que permanece oculto. Un color terrenal que alberga todos los infiernos. Un sonido bajo, pesado y de exquisita presencia.

Algunas obras llevan implícito el negro, nacen con un negro purísimo y resplandeciente. Se hacen a sí mismas.

¿Pero qué pasa cuando se aplica el negro a ciertas obras y a ciertas formas?

He observado que dependiendo de que la forma sea más estrecha y alargada el negro puede obtener ligereza y movimiento. Se convierte entonces en escritura y en signo aunque estemos tratando con un objeto tridimensional.

De vez en cuando, se logra conjugar el espacio, la luz y la sombra y el negro adquiere entonces su máxima armonía.

Hubo una época en que surgió la moda en ciertas cocinas de Madrid de pintar el techo de las mismas en negro con objeto de disimular la acumulación de las manchas de hollín, retrasando así la pintura blanca de todos los años con el consiguiente ahorro por su parte. A nadie se le ocurrió pintar de negro mate. Todos lo hicieron con negro brillante. Creo que en su intuición querían atrapar toda la luz del sol para meterla en las casas. Esa luz del sol a la que hace referencia Marsilio Finicio en su tratado Quid sit lumen: (Que es la luz). Y más tarde San Agustín y Santo Tomás y los místicos castellanos.

«Esta luz venida del sol omnituens, común a todo y a todos, a la tierra, a las plantas, al fuego, a los paseantes, a los pintores y a la filosofía que porta en ella la imagen completa y ordenada del mundo.»

De manera que contra todo pronóstico las cocinas así pintadas resultaban más luminosas y el negro escupía la luz produciendo el efecto de un cristal reverberante. Ese negro, con su brillo emitía una luz prodigiosa y mundana a la vez, que inundaba toda la estancia

Estas, y otras preguntas, que han ido surgiendo, al manejar el negro, he tratado de resolverlas disolviéndome en el trabajo de la manera menos conceptual posible. Tratando de buscar soluciones dentro de los presupuestos que se manejan en la propia pintura y en las cualidades esenciales de un tipo de arte de lo mínimo. Un arte que tiene muy presente que los planteamientos estéticos deben cambiarse de acuerdo a las necesidades del momento sin que esto signifique que sea más o menos avanzado que otro tipo de práctica artística.

Por otra parte, para ciertas prácticas no existen técnicas ni teorías y actualmente podemos realizar cosas antes de conocer su significado. Las instalaciones se empezaron a hacer de la nada. Creo que se sostienen por el conocimiento de una serie de habilidades apoyadas en otro tipo de cosas además de la pintura y de la escultura. Y lo que las convierte en obras de arte viene dado por una serie de aspectos formales coincidentes, que a fuerza de ser utilizados han llegado a ser perfectamente válidos y han creado una convención de lo que es arte o no lo es.

Cuando creamos, estamos situados entre lo real y lo irreal y mientras hacemos, no estamos haciendo por necesidades pictóricas, sino por otro tipo de necesidades mucho más existenciales y profundas ligadas a un modo de entender la vida y de expresarla.

Expongo mis puntos de vista y me reafirmo en el quehacer del día a día procurando establecer cambios de percepción más o menos sutiles.

Estas palabras, que recojo de uno de los textos, que Mercedes Replinger escribió para el catálogo de la Exposición «Blanco sobre Blanco«, reflejan una de las características más relevantes de mi trabajo.

» La geometría de la artista surge del propio lienzo, está construida con la misma textura del material utilizado formando una trama indivisible. La división del espacio se vuelve así, paradójicamente, una tautología, una reflexión sobre el comienzo y el fin de una obra de arte; un pliegue que junta significado y significante en un mismo flujo, de manera que el ritmo de los signos, de las líneas entrecruzadas o superpuestas, forman un conjunto encadenado.»

(La intersección)

El pliegue. Los puntos de intersección, ejercen sobre mí una forma de atracción. El punto como lugar donde confluyen la horizontal y la vertical. Un lugar de gran complejidad en cuanto a concepto mental se refiere. Un lugar esencial sin límites ni dimensiones físicas. Un lugar contradictorio.

En esta ocasión me ha interesado desplegar el cordón negro una y otra vez. Esto revela una cadencia, a modo de letanía, casi idéntica que se podría seguir infinitamente, pero que al mismo tiempo queda sostenida, se para, en un momento dado, El ritmo no se agota, queda sostenido.

Las esquinas, también son fundamentales para la resolución formal de la obra y el cruzamiento de la horizontal con la vertical. Cruzamiento. Cruce. Intersección, que se repite una y otra vez. De ahí el título «Passacaglia», igual que en el género, para teclado, que se desarrolló durante el barroco temprano. Y que Bach ejecutaba dentro de un improvisado virtuosismo en un ejemplo de variación continua.

Por otra parte, me gustaba mucho la idea de que Passacaglia, en su origen, no fuera considerada ni canción ni danza.

(La luz y la sombra)

Un día, tratando de estudiar lo negativo que todos llevamos dentro, me encontré con la sombra. La sombra entendida cómo esa parte de nuestro ser opuesto a la luz, que le dota de una segunda naturaleza, y que tradicionalmente está relacionada con el alma. Luego más tarde cayó en mis manos el maravilloso libro Breve historia de la sombra , de Victor I. Stoichita.

El libro en cuestión hace un recorrido desde la antigua Grecia, hasta los trabajos actuales, de todos conocidos, de artistas cómo: Marcel Duchamp, Joseph Beyus y Andy Warhol.

Al comenzar la lectura, Stoichita nos sitúa en Grecia y nos cuenta la historia que contó Plinio y que yo ahora les vuelvo a contar: Una mujer va a perder a su amor y ante esa situación, y enajenada dibuja, a la luz de una vela, la sombra del amado que se proyecta en la pared. Fijando con líneas el contorno de su silueta. Esta sombra dibujada, según Plinio es el origen de toda pintura.

Partiendo de este mito del arte, y del uso de la sombra en Occidente, a partir de la historia de la pintura, he querido iluminar artificialmente los objetos para obtener su sombra haciéndolos más corpóreos.

Sin luz no hay sombra. Yo lo llamo «el prodigio de lo efímero». Y según sea la luz y como esté colocada podemos dibujar la sombra.

Los objetos entonces se hacen perceptibles y lo invisible se hace visible. La luz actúa como un pincel milagroso a la manera del claro-oscuro y, en este caso, el cordón negro se vuelve ambivalente. Por un lado se hace corpóreo y por el otro se desdibuja y se funde con su sombra.

(La repetición)

Cuando repetimos algo ya sea intencionadamente o no, estamos reflejando un estado de intensidad. La repetición ayuda a conseguir determinados efectos, cosas tales como el ritmo y la cadencia en lo que queremos presentar. Esa reiteración obsesiva y machacona de las cosas, ese reiterar una y otra vez lo mismo, destaca los pequeños matices y se establecen sutiles diferencias que enfatizan ese lenguaje y esa escritura que cualquier cosa lleva en su interior por muy sencilla y rutinaria que parezca, intensificando su presencia.

En concreto «Fuga» es una estructura rítmica con intervalos entre cada módulo, que intenta poner de manifiesto las pulsiones interiores de nuestro cuerpo, y actúa a modo de partitura fragmentada, en constante fluir, con silencios y un latido pianissimo.

En Repetición y diferencia de Gilles Deleuze podemos leer: «La repetición es propia del humor y de la ironía; es por naturaleza transgresión, excepción, manifestando siempre una singularidad contra los particulares sometidos a la ley, manifestando un universal contra las grandes generalidades que hacen ley.» Y más adelante dice: «Hay que pensar la repetición con el pronominal, encontrar el sí mismo de la repetición, la singularidad en lo que se repite. Pues no hay repetición sin un repetidor, ni repetido sin alma repetidora.»

Dentro de la repetición y ahora me refiero a la obra «Mocosuela», se encuentra el lado irónico y el toque humorístico.

El título ha surgido de una de las lecturas posibles de lo que significan los materiales, tratando de establecer un contraste entre el aspecto trágico de lo que vemos a simple vista y lo que en realidad son los materiales que la constituyen, esto es, unos sencillos pañuelos egipcios de los de toda la vida, (llamados pañuelos del moco) dispuestos a modo de cuadrícula, que cubren cristales negros triturados.

Pues el hecho de que esté situada en el suelo, tenga la forma que tiene, la medida posible de cualquier cuerpo, las más o menos protuberancias, y que esté cubierta en fragmentos repetidos con los diez- doce pañuelos, nos lleva inmediatamente en palabras de Mercedes Replinger, hacia «la exasperación». Una visión entre sala y mesa de operaciones mortuorias. Pero que al pensar profundamente en el título puede hacer que la risa emerja, que emerja la risa.

(El azar)

Ahora hablaré de una obra que ha surgido, estos días, durante mi estancia en la ciudad. Una obra que no estaba pensada. Una obra del azar y de la sorpresa. Un tipo de obra de los deshechos, y de la acumulación de sucesos vividos en unos pocos días.

Con la colaboración de André e Ieda fue recogida una gran tabla. Luego la pintamos de negro y colocamos una enorme capa de malla negra industrial. La malla se estiró al máximo, por toda la tabla, casi hasta el paroxismo, dejando el resto suelto formando una gran cola negra que serpenteaba llena de pliegues y repliegues. En su extremo se puso una barra de grafito negro atada a un cordón de goma negra. Eso supuso dentro de la muestra el punto negro más intenso de todos los negros que allí expuse. El hecho de que el público escribiese en ella a modo de pizarra, hizo posible la permanencia de ese negro profundo y hondo, que se mostraba, siempre dentro de una absoluta e inalterable quietud. Quedando establecido el azar, siempre y para siempre.

Cómo no podía ser de otra manera, el título de esta obra es: «Brasília».

Antes de terminar, me gustaría decir que como imaginario personal siempre me ayudo constantemente de mi propia memoria de lo más cercano a mi vida, y de ciertas lecturas y escuchas imprescindibles, pues a lo largo de todo mi trabajo están siempre presentes mis adorados Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz por las infinitas aportaciones que su poesía me ha brindado. Así cómo, los riquísimos textos de María Zambrano, especialmente Notas de un método, Claros del bosque y Algunos lugares de la pintura.

Me satisface pensar que los hechos y las cosas por viejos e inútiles que ahora nos parezcan, en otro tiempo cumplieron su función.

Este moverme entre dudas unido a una profunda curiosidad por conocer cosas nuevas me hace crear otras realidades que a modo de manía persecutoria ensayo una y otra vez.

Sabemos lo que no queremos, aunque no sepamos bien hacia donde queramos llegar. Eso es lo extraordinario.

By | marzo 29th, 2013|Textos de Artista|Comentarios desactivados en Conferencia: obras son amores, y no buenas razones

About the Author:

Conference: speak louder, than words

(Traducido por Google)

Start talking with care. Trying to take enough distance to get away from my job. And not without me before a crucial question: How can we talk about what we find more nearby without fear?. This is an enigma. Every work of art I think it is.

The puzzles we serve, at least, to try to solve them. To make spending time. In this case, an enigma is linked inseparably to its essence and is harder to unravel.

This is a good opportunity to expose some issues, as a signal that stammering, and interdict they suggest on how to proceed with my work.

(The black)

The colors are usually used as presentidos somehow in our memory of the past, and it is possible that some see the light thanks to the need for us to show them.

The color will depend on our sensory perception, objectual, cultural, symbolic, and awareness of the inevitable lightness of being.

The color desired and imagined and therefore depends on all our sensations and perceptions, and the mood we take against them according to the dictates of the soul. For the soul is composed of a spiritual and immortal substance, able to understand, willing and judging, which informs the human body and it is the essence of man. And it is well known that the soul’s desires easily slip in some holes to give them strength. That’s why when the soul falls in love with the idea of ​​color and try to possess it, it takes shape and becomes visible. From the intense bond between soul and idea-colored body color born. Color bodied and able to reveal physical presence of the soul imprint that created it.

The black, is one of the colors that I use. Thus, for example, can be considered within the language my work paint is almost monochromatic. I say almost, because I like to use the greater or lesser degree of brightness containing that color and the hue, that is, its strength or purity. That is more or less saturated.

With the use of black, paint and fill with resonances objects, fragments of memory. Accumulate and form a body increasingly more consistent.

On the other hand, shows us his eternal black opacity and over us the fascination of a large container of what is not seen, a magma that remains hidden passions. A color that houses all earthly hell. A low sound, heavy and exquisite presence.

Some works have implicit black, are born with a pure black and shining. They make themselves.

But what happens when you apply the black to certain works and certain forms?

I have noticed that depending on the form is more narrow and elongated black can obtain lightness and movement. It then becomes a sign writing and although we are dealing with a three dimensional object.

From time to time, it manages to combine the space, light and shadow and black then acquires its maximum harmony.

There was a time when fashion emerged in certain kitchens of Madrid to paint the ceiling of these in black in order to mask the accumulation of soot stains, delaying the white paint every year thus saving on their part . Nobody came up with matte black paint. All they did with brilliant black. I think your intuition wanted to catch all the light from the sun to get her into the houses. That sunlight referenced by Marsilio Finicio in his treatise Quid sit lumen: (That is the light). And later St. Augustine and St. Thomas and the Castilian mystics.

«This light from the sun omnituens common to everyone and everything, land, plants, fire, to walkers, painters and philosophy that carries within it the complete and orderly image of the world.»

So against all odds and painted kitchens were more bright and light black spitting producing the effect of shimmering glass. That black, with a light emitting prodigious brightness and mundane at once, that filled all nights

These, and other questions that have arisen, in handling the black, I tried to resolve disolviéndome at work in the least possible conceptual. Trying to find solutions within budgets that are used in the painting itself and the essential qualities of an art than the minimum. An art that is well aware that the aesthetic should be changed according to the needs of the moment without this meaning that is more or less advanced than other artistic practice.

Moreover, for certain practices or techniques are not theories and now we can do things before knowing its meaning. Facilities began to make out of nothing. I think we are supported by the knowledge of a set of skills supported by other things besides painting and sculpture. And what makes them art is given by a series of overlapping formal aspects, which by dint of being used have become perfectly valid and created a convention of what is art or not.

When we create, we are located between the real and the unreal, and while we make, we are doing by painting needs, but by other existential needs more deep linked to a way of understanding life and to express it.

I state my views and I reaffirm the work of everyday perception changes about to establish more or less subtle.

These words, I pick up one of the texts, which Mercedes Replinger wrote for the catalog of the exhibition «White on White», reflect one of the major characteristics of my work.

«The geometry of the artist emerges from the canvas, is built with the same texture of the material used to form a frame indivisible. Dividing the space becomes, paradoxically, a tautology, a reflection on the beginning and end of a work of art, a fold seal and significant meaning in one stream, so that the rhythm of the signs, overlapping or intersecting lines form a nested set. »

(The intersection)

The crease. The intersection points exert on me a form of attraction. The point and meeting place of the horizontal and vertical. A place of great complexity in terms of mental concept refers. An essential place without limits or physical dimensions. A rather contradictory.

On this occasion I was interested deploy black cord over and over again. This reveals a cadence, for litany almost identical could go on endlessly, but at the same time is held, stopped, at a given time, the rate is not allocated, is sustained.

The corners are also crucial for the formal resolution of the work and the crossing of the horizontal to the vertical. Crossing. Crossing. Intersection, repeated over and over again. Hence the title «Passacaglia», as in the genre, for keyboard, which was developed during the early Baroque. And Bach executed within an improvised virtuosism a continuous variation example.

On the other hand, I liked the idea that Passacaglia, in its origin, not considered neither song nor dance.

(Light and shadow)

One day, trying to study the negative in all of us, I found the shade. The shadow understood how that part of our being the opposite of light, which gives it a second nature, and traditionally is related to the soul. Then later fell into my hands the wonderful book A Brief History of the Shadow, Victor I. Stoichita.

The book in question makes a journey from ancient Greece to the present work, of all known how artists Marcel Duchamp, Joseph Beyus and Andy Warhol.

As you begin reading, Stoichita puts us in Greece and tells the story he told Pliny and now I come back to tell them: A woman will lose her love and in those circumstances, and alienated drawn, in the light of a candle , beloved shadow projected on the wall. Setting with the contour lines of your silhouette. This shade drawn, according to Pliny is the origin of all paint.

From this myth of art, and the use of shade in the West, from the history of painting, I wanted to artificially illuminate objects to get your shadow making them more corporeal.

No light, no shadow. I call it «the wonder of the ephemeral». And as light as is in place we can draw the shadow.

The objects are then made visible and the invisible becomes visible. The light acts as a brush miraculous way of chiaroscuro, and in this case, the black cord becomes ambivalent. On the one hand it is corporeal and the other fades and merges with its shadow.

(Repeat)

When we repeat something whether intentionally or not, we are reflecting a state of intensity. Repetition helps to achieve certain effects, things like rhythm and cadence in what we present. That obsessive and insistent repetition of things that repeat over and over the same, stands the little nuances and subtle differences are established emphasize that language and that writing takes anything inside by very simple and routine enough, intensifying their presence.

Specifically «Escape» is a rhythmic structure with intervals between each module, which attempts to reveal internal drives our body, and acts as a score fragmented, constantly flowing, with silence and a beat pianissimo.

In Repeating and Gilles Deleuze difference we can read: «Repetition is own of humor and irony, is by nature transgression exception, showing always a singularity against individuals under the law, manifesting a universal against big generalities that make Act. » And later he says: «Think of the pronominal repetition, find the repetition itself, the uniqueness in what is repeated. Well no repetition without a repeater or repeater soulless repeated.»

Within the repetition and I now refer to work «Mocosuela» side is ironic and humorous.

The title has emerged from one of the possible interpretations of the meaning of the materials, trying to draw a contrast between the tragic aspect of what we see with the naked eye and what actually are the constituent materials, ie, a few simple the Egyptian scarves lifetime (called mucus tissues) arranged like grid covering crushed black crystals.

Well, that is located on the ground, is the shape you have, as far as possible from any body, more or less bumps, and which is covered in fragments repeated with ten to twelve handkerchiefs, leads immediately to quote Mercedes Replinger, to «exasperation». A view from living room and mortuary operating table. But to think deeply about the title that laughter can emerge, to emerge laughter.

(Chance)

Now talk about a work that has emerged these days during my stay in the city. A work that was not intended. A work of chance and surprise. One type of work of the waste, and the accumulation of events experienced in a few days.

With the collaboration of André and Ieda was collected a large table. Then paint it black and put a huge layer of black mesh industry. The mesh is stretched to the max, across the table, almost to the limit, leaving the rest loose black forming a large queue that snaked full of creases and folds. At its end is placed a black graphite rod attached to a black rubber cord. That meant within the black point shows the most intense of all blacks there I explained. The fact that the public write in it as a slate, made possible the continuation of that deep, deep black, which showed, always within an unchanging absolute stillness. Being established chance, always and forever.

How could it be otherwise, the title of this book is: «Brasilia».

Before closing, I would say that as personal imagery always helped me constantly of my own memory as close to my life, and certain essential reading and listening, because throughout my work are always present my beloved Teresa Avila and St. John of the Cross by the infinite contributions that his poetry has given me. So how, the very rich Zambrano texts, especially Notes of a method, and Clearings Local painting.

I am pleased to think that the facts and old and useless things seem to us now, once played a role.

This move between questions coupled with profound curiosity about new things makes me create other realities that persecution as a test over and over again.

We know not what we want, but do not know well where we want to go. That is extraordinary.

By | marzo 29th, 2013|Artist Texts|Comentarios desactivados en Conference: speak louder, than words

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