LUZ VENDADA

LUZ VENDADA

Ver Obras

José María Parreño

Un fantasma recorre el arte del siglo XX. Un fantasma de silencio, vacío, cegadora blancura. Invocado por el arte, es su misma negación y con él quiere el arte, sin embargo, dar una última prueba de verdad, de pertinencia. Introduce silencio en la música, balbuceos en el texto, hueco en la escultura y en la pintura ausencia de color. El arte renuncia así a cuanto parecía constituirle, a lo que fue hasta ese momento su empeño, como los santos renuncian a Dios para alcanzar a Dios.

El blanco viene a cubrir las heridas de la forma, a calmar definitivamente la llaga de la mímesis.

En el otoño de 1913 Malevitch libera por primera vez el plano pictórico de la representación ilusionista. Tras denodados esfuerzos, en 1915 pinta Cuadrado negro y escribe acerca de la supremacía del color puro. Unos cuantos colegas reunidos en torno suyo forman el grupo “Supremus”. En 1918 pinta Cuadrado blanco sobre fondo blanco y lanza un nuevo manifiesto proclamando la superioridad del concepto sobre la práctica artística. Los escasos seguidores le abandonan, atemorizados por sus exigencias. Malevitch sigue solo, avanzando penosamente hacia el fondo ártico de su pintura.

El color se ha liberado de la forma. Allí donde no hay nada que ver empezamos de nuevo a ver. En otro plano.

El color blanco carece de matices, varía sólo en brillo u opacidad. Eso dicen los libros, pero los esquimales emplean veintidós términos para diferenciar el blanco.

En las obras de Antonia Valero el color cede su puesto a la textura y luego al volumen. Obliga a tocar con los ojos. La enciclopedia de tactos de blancura que guarda su memoria ha quedado transcrita en estas obras.

Robert Ryman, en sus años de vigilante de museo, aprendió a distinguir los matices de la monotonía. Su obra está íntegramente dedicada a explorar las vicisitudes del blanco a través de una amplia variedad de soportes: algodón, lino, acero, cartón; y facturas: mate, brillante, cálido, frío, transparente, opaco, velado o empastado.

Como intentando compensar el exceso de luz de estas obras, el exceso de claridad y ligereza, aparece la trama. Ortogonal, sistemática, trata de confinar el blanco tras su red. Una red en ocasiones tan tupida que se ha vuelto invisible, como la trama digital, molecular que, en definitiva, atrapa lo real. Luminosidad y estructura, haz y envés de lo visible.

Antonia Valero cubre la herida de las formas con blanco de gasa, y en ella está inscrito el desenlace de cualquier historia: campo de cruces, blanco delirio de cruces, repetidas, apretadas hasta anestesiar su significado. Blanco, pues, quirúrgico; blanco alarmado, blanco que presagia la irrupción del rojo, como aguarda el alba al sol. Porque toda pureza evoca su violación.

Pintura empobrecida, estéril, como la que en alguna ocasión propuso Beckett. Materiales los de Valero todos ellos estériles también. Tras uno de los descubrimientos medulares de la modernidad: menos es más, otro que viene de muy antiguo: sólo la nada es posibilidad del todo.

Señalábamos el linaje del que procede el blanco de las obras de Valero –hay que añadir los ácromos de Manzoni–. La trama tiene también el suyo. Hay un parentesco con la cuadrícula blanca de Agnes Martin y el soporte expuesto de Fontana. Más cerca, con las mallas de Rivera, de Millares, de Brinkmann. Pero a diferencia de éstas, en las obras de Valero hay hilo en vez de alambre, flexibilidad en vez de rigidez, tibieza en vez de frío. La tela metálica, por fina que sea, remite a la industria o da lugar a metáforas de encierro y esqueleto, el tejido nos conduce al ámbito del cuidado, incluso aunque se trate del cuidado final del sudario. Tejidos entonces, si se quiere, emotivos, pero urdidos con una precisión que introduce en ellos lo matemático, el vocabulario geométrico del minimalismo, desplazando así la gestualidad de sus compatriotas. Inversión también del orden tradicional del cuadro: lo pintado está detrás –debajo– del lienzo, nuestra mirada queda enredada en su hilazón.

El arte había perdido el hilo y lo ha recuperado a finales del siglo XX. No sólo el de tapices y bordados, relegados a la decoración o a la sociología, sino el nuevo hilo de esculturas cinéticas, lienzos desnudos y ropas convertidas en metáforas del cuerpo. En el caso de Valero el hilo es una versión de la línea, del trazo. La artista nos recuerda que presenta “cuadros”, que estas texturas son pintura realizada por otros medios. De una forma u otra, como veladura pictórica o como velo material, estas obras aparecen como una intuición sofocada, cubren un deslumbramiento que, paradójicamente, sin esta dificultad resultaría acaso completamente invisible. Como se lee en El Corán, la luz es el último velo de la Divinidad.

By | Abril 19th, 2013|Textos de Catálogos|Comentarios desactivados en LUZ VENDADA

About the Author:

BANDAGED LIGHT

see Work

María José Parreno

A specter is haunting the art of the twentieth century. A ghost of silence, emptiness , blinding whiteness . Invoked by art, is its very denial and he wants the art , however , give a final test of truth, relevance . Enter silence in music, babbling in the text space in the sculpture and painting absence of color. Art and resignation seemed to set him as to what was until then their efforts , as the saints renounce God to reach God .

The target is to cover the wounds of the way , definitely soothe sore mimesis .

In fall 1913 Malevich first released the picture plane of the illusionistic representation. After painstaking efforts, in 1915 painted black Square and writes about the supremacy of pure color. A few colleagues gathered around him form the ” Supremus ” group. In 1918 painted white square on white background and launch a new manifesto proclaiming the superiority of the concept of artistic practice. The few supporters abandon him , frightened by its demands. Malevich is alone, trudging toward the arctic background of his painting.

Color has released Form . Where there is nothing to see start to see again . On another level .

The white color lacks nuance, varies only in brightness or dullness . That’s what the books, but twenty Eskimos used to differentiate white terms .

In the works of Antonia Valero color gives way to texture and then the volume . Forces touching eyes . The Encyclopedia of whiteness touches keeping his memory has been transcribed in these works.

Robert Ryman , in his years of museum guard , learned to distinguish the nuances of monotony. His work is entirely dedicated to exploring the vicissitudes of white through a variety of media : cotton , linen, steel , cardboard ; and invoices : matte, glossy , warm , cold, transparent, opaque , veiled or plaster .

Like trying to make too much light of these works , too much clarity and lightness , the plot appears . Orthogonal, systematic , is white after confining network. A network sometimes so dense that it has become invisible, like the digital frame , molecular , ultimately , the real catch . Brightness and structure, beam and underside of the visible.

Antonia Valero covers the wound forms with white gauze , and she is enrolled in the outcome of any story : field of crosses, white crosses delirium , repeated , tight to anesthetize their meaning. White , therefore, surgical ; alarmed white , white presaging the emergence of red, as it awaits the dawn sun . For all your rape evokes purity .

Impoverished , barren, like the one proposed Beckett occasionally painting. Valero materials are all sterile also . After one of the central findings of modernity: less is more, one that is very old : just nothing is entirely possible .

We pointed out the lineage from which the white – Valero works must be added ácromos Manzoni . The plot also has his. There is a kinship with white grid Agnes Martin and Fontana stand exposed . Closer, Rivera meshes , Millares , Brinkmann . But unlike them , the works of Valero ‘s thread instead of wire , flexibility rather than rigidity, warmth instead of cold. Chicken wire by thin it is, refers to the industry or results in metaphors of confinement and skeletal tissue leads us into the realm of care, even if it is the end of the shroud care . Tissues then, if you will, emotional , but hatched with a precision feeding them the mathematical, geometric vocabulary of minimalism , displacing the gestures of his countrymen. Investment also the traditional order of the table: what is back- painted – canvas below , our gaze becomes entangled in his hilazón .

The art had lost the plot and has recovered in the late twentieth century. Not only the tapestry and embroidery, decoration or relegated to sociology, but the new thread kinetic sculptures , paintings and clothes naked converted into metaphors of the body. Valero in case the thread is a version of the line of the stroke. The artist recalls having ” boxes ” that these textures are painting by other means. One way or another , such as painting or glazing materials veil , these works appear as a suppressed intuition, covering a glare that, paradoxically, without this difficulty would be completely invisible case. As we read in the Qur’an , is the last light veil of Divinity.

By | Abril 19th, 2013|Catalogs Texts|Comentarios desactivados en BANDAGED LIGHT

About the Author:

Translate »