Laura. Yo amo la vida. Duración: 01:42 © Mercedes Amigo/ Antonia Valero 2004 Cuando repetimos algo ya sea intencionadamente o no, estamos reflejando un estado de intensidad. La repetición ayuda a conseguir determinados efectos, cosas tales como el ritmo y la cadencia en lo que queremos presentar. Esa reiteración obsesiva y machacona de las cosas, ese reiterar una y otra vez lo mismo, destaca los pequeños matices y se establecen sutiles diferencias que enfatizan ese lenguaje y esa escritura que cualquier cosa lleva en su interior por muy sencilla y rutinaria que parezca, intensificando su presencia.En Laura. Yo amo la vida la imagen y la voz crean una estructura rítmica en la repetición de un fotograma que intenta poner de manifiesto las pulsiones interiores de nuestro cuerpo actuando a modo de partitura fragmentada en constante fluir.En Repetición y diferencia de Gilles Deleuze podemos leer: “La repetición es propia del humor y de la ironía; es por naturaleza transgresión, excepción, manifestando siempre una singularidad contra los particulares sometidos a la ley, manifestando un universal contra las grandes generalidades que hacen ley.”[1] Y más adelante dice: “Hay que pensar la repetición con el pronominal, encontrar el sí mismo de la repetición, la singularidad en lo que se repite. Pues no hay repetición sin un repetidor, ni repetido sin alma repetidora.”[2] [1] Gilles Deleuze, Repetición y diferencia. Pág. 58 2 Ibidem. Pág. 97