Antonia Valero: Cajas fronterizas

Antonia Valero: Cajas fronterizas

Mercedes Replinger

(…) Posesión es ya un término que nos pone en alerta sobre las dificultades que entraña adoptar los rasgos, asumir el rostro ajeno como acceso inmediato a la comprensión del otro. Para nuestra cultura no tener un control absoluto del propio rostro es siempre signo de estupidez o de falta de autonomía; rechazo del proceso de metamorfosis que la mímica, la gestualidad implica. Por ello en muchas culturas se restringe la libertad del rostro que no debe transparentar las emociones, los pensamientos que agitan el interior del individuo, la razón más profunda para este enfoque es la constante exigencia de autonomía del hombre. A nadie se le permite penetrar en otro. El hombre ha de tener la fuerza de permanecer igual a sí mismo…porque es la influencia de un hombre sobre el otro la que incita a interminables, fugaces, metamorfosis 1. Allí donde la imitación de los gestos, la gesticulación está condenada socialmente; allí, también, se rechaza el proceso, las estrategias que asumen el rostro del otro como referente. Frente a la metamorfosis sólo encontramos las máscaras impenetrables, rígidas, que marcan una distancia infranqueable con el que mira. Deshacer un rostro, como señala Deleuze, no es nada fácil. Una posibilidad quizá, se encuentre en el proceso de desterritorialización, hallar un uso nuevo del rostro que no implique regresión animal ni vuelta romántica al ser primitivo, sino construcción rizomática que penetra en los rasgos y deshace la horizontalidad impenetrable del propio carácter y subjetividad: sólo en el agujero negro de la conciencia y de la pasión subjetivas podremos descubrir las partículas capturadas, alteradas, transformadas que hay que relanzar para un amor vivo, no subjetivo, en el que cada uno se conecta con los espacios desconocidos del otro sin entrar en ellos ni conquistarlos, en el que las líneas se componen como líneas quebradas 2. En el fondo oscuro de las cajas de esta instalación, que sólo presentan un ángulo concreto de apertura, el contorno de los rostros se ha quebrado en múltiples direcciones confundidas las imágenes y sus reflejos, haciendo imposible distinguir a quién pertenece cada uno de los rostros, o si estos están realizados a partir de uno o por la superposición de varios. Ningún indicio de subjetividad, ninguna referencia que permita el reconocimiento aislado. Quizá, entonces, por fin seamos capaces de no mirar el rostro del otro.

Es decir, parafraseando a Lévinas 3, quizá seamos capaces de un acceso ético al rostro del otro que no pase por la percepción que, inevitablemente, termina por convertir al otro en objeto. Roto, el espejo, dice Antonia Valero se trata de exponer un reflejo fragmentado y el cruce permanente de los límites entre los cuerpos y los discursos del otro. Una serie infinita e indistinta de rostros deformados, liberados de los rasgos que los sujetaban, unidos ahora por el sentido de la travesía. Por eso, estas cajas no tienen un número concreto, su longitud depende exclusivamente de la extensión del viaje. Cajas-maleta, tan móviles como el propio proceso de metamorfosis de los rostros: maletas que permiten otra forma de ver, reflejos de reflejos, en un soporte que siempre estará desplazándose. Frente a la normalización del espacio, reducido lo extraño y ajeno a lugares de exclusión, el gueto y el apartheid, unas valijas como casas portátiles donde esa sociedad multicultural quizá pueda encontrar un espacio común. La casa es el recogimiento de lo propio en su propio rito/ Pero lo propio abierto:/lo íntimo, no lo cerrado! La interioridad que abriéndose no deja de ser interioridad; /la intimidad: / lo que la hospitalidad abre 4 (…)

1 Elías Canetti: La metamorfosis en Masa y Poder. Barcelona, ed. Muchnik, 1981, p. 373

2 Guilles Deleuze y Félix Guattari: Año cero-rostrosidad en Mil mesetas…op. Cit, p. 193

3 Emmanuel Lévinas: Ética e infinito. Madrid, la balsa de la Medusa, 2000, pp. 71 – 75

4 Hugo Mújica: Poéticas del vacío. Madrid, ed. Trotta, 2002, p. 125

By | noviembre 11th, 2014|Textos de Catálogos|Comentarios desactivados en Antonia Valero: Cajas fronterizas

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Antonia Valero: Cajas fronterizas

Mercedes Replinger

(…) Possession is already a term that alerts us about the difficulties in adopting traits, assuming the alien face as immediate access to understanding others. For our culture does not have absolute control of the face itself is always a sign of stupidity or lack of autonomy; rejection of the process of metamorphosis mime, gesture implies. Therefore in many cultures freedom of the face that is not transparent is restricted emotions, thoughts fluttering inside the individual, the deeper reason for this approach is the constant demand for autonomy of man. No one is allowed to enter another. The man must have the strength to remain equal to itself … because it is the influence of one man over another which encourages endless shooting, metamorphosis 1. Where imitation of gestures, gestures doomed socially ; there, too, the process is rejected, strategies that assume the other’s face as a reference. Facing the metamorphosis only found impenetrable, stiff masks, which mark an insurmountable distance with looking. Undo a face, as Deleuze says, is not easy. One possibility perhaps, is in the process of deterritorialization, finding a new use of the face that does not involve animals or romantic regression back to be primitive, but rhizomatic construction that penetrates the impenetrable features and undoes the horizontality of character and subjectivity only in the black hole of consciousness and subjective passion we discover the captured particles, altered, transformed to be relaunch for a living love, not subjective, in which each connects to the unknown spaces of another without going into them or conquer, in which the lines are composed as broken lines 2. In the dark background of the boxes of this facility, which present only a specific opening angle, the contour of the faces is broken in multiple directions confused images and reflexes, making it impossible to distinguish who owns each of the faces, or if these are made from one or several overlapping. No hint of subjectivity, any reference enabling isolated recognition. Perhaps, then, at last we are able to not look the other’s face.

That is, to paraphrase Levinas 3 we may be able to access an ethical other that does not pass through the perception that inevitably ends up turning to face another object. Broken Mirror says Antonia Valero is exposing a fragmented reflection and permanent crossing of the boundaries between bodies and discourses other. An infinite series of distorted and indistinct faces, released traits that held them, now joined by the sense of the passage. Therefore, these cases do not have a specific number, length depends exclusively on the length of the trip. Boxes-suitcase, as mobile as the very process of metamorphosis of faces: bags that allow another view, reflections of reflections, in a medium that is always moving. Facing the standardization of space, reduced the strange and alien to places of exclusion, the ghetto and apartheid, some bags as portable houses where the multicultural society may be able to find common ground. The house is the gathering of the same in their own rite / But likewise open: / intimate, not closed! The interiority that opening no longer interiority; / privacy: / what hospitality opens April (…)

1 Elias Canetti: The Metamorphosis Mass and Power. Barcelona, ed. Muchnik, 1981, p. 373

2 Gilles Deleuze and Felix Guattari: Year Zero-rostrosidad … op in A Thousand Plateaus. Cit, p. 193

3 Emmanuel Levinas: Ethics and Infinity. Madrid, The Raft of the Medusa, 2000, pp. 71-75

4 Hugo Mujica: Poetics of vacuum. Madrid, ed. Trotta, 2002, p. 125

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