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Crítica ABC Cultural
Crítica EL PUNTO DE LAS ARTES

M. R.

(…) Mirar de lado. El espectador se desplaza y el mecanismo de percepción directa queda roto para privilegiar una manera de contemplar las obras de arte, oblicua y transversal, que reconstruyen en otro espacio la imagen que en principio era tan solo amalgama confusa de formas y colores. Entonces se percibe claramente el camuflaje, la voluntad de enmascaramiento que estas obras proponen: retículas que desmienten la frialdad de su trazado proyectando sombras en el interior de la pintura; líneas que solidifican el movimiento, convirtiendo lo blando en sólido, o plásticos transparentes que se transforman en un organismo vivo y carnoso. En la fotografía las formas de ocultación niegan la relación espontánea e inmediata con la realidad característica de este procedimiento: emulsiones fotográficas que adoptan la apariencia de un dibujo o bien fotografías que son imágenes de otras imágenes. Verdad tergiversada, disfraz y simulación “una otra manera” de pintar, dibujar o realizar fotografías.

Líneas trazadas entre sentimientos y razón… signos reveladores de una estupefacción inmóvil… Es posible que para viajar haya que estarse quieto. Es necesario experimentar cierto grado de parálisis para ser capaz de salir volando. Siempre será todo y nada. La luz que genera oscuridad. La unión de la noche y la llama. 1

Erotismo de lo que permanece inmóvil. Acostumbrados a la pretendida asepsia del modelo matemático, a la descarnada exactitud de la geometría, se olvida con frecuencia que ellas son portadoras de una inquietud aún más voluptuosa, precisamente porque intenta neutralizar cualquier emoción. La mente ordena el espacio, estructura con retículas el lugar del hombre, pero la memoria abre intersecciones. Las líneas, matemáticamente medidas, tienen puntos donde se cruzan, claridades en la tupida trama de la malla que permiten acceder al interior de estos cuadros: pigmento oculto como espacio de sufrimiento.

Es la idea del tiempo lo que queda enhebrado, tejido y destejido en estas mallas que se vuelven transparentes de otra realidad. La racionalidad geométrica se fractura por la turbación que el tacto aporta a la representación; la mano como un ojo sensible palpa la textura de esas retículas realizadas con acero inoxidable, fibra de vidrio, níquel, latón o nylon, percibiendo la carnosidad de la geometría, la sensualidad de las líneas perfectamente trazadas. Pero no solo el tacto desmiente el rigor de la construcción, también el ojo, al desplazarse, contempla 10 que las mallas ocultan: las heridas de la pintura. Una lección constantemente renovada: la metafísica de la luz que acompaña al ideal de perfección de la geometría lleva siempre consigo un lado oscuro, el cono de sombra que cada cosa proyecta como su irrevocable e irrenunciable verdad. (…)

1 Antonia Valero: Escritos. CD editado por la Asociación Maelström

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