Ana Serrano

Me tienes en tus manos, no se si me has comprado o si soy un regalo, pero se que me vas a hojear porque soy un catálogo; soy mucho más modesto que aquel tan bonito que hicieron hace años de Velázquez que, durante mucho tiempo, salía en las mesitas de los cuartos de estar de todas las revistas de decoración, soy mucho más modesto, pero soy algo más que un catálogo. Yo soy el resultado del titánico esfuerzo que durante mucho tiempo, han hecho un montón de personas.

En España, hay un gobernante, elegido democráticamente, que decidió, sin consultar con sus votantes que no le habían dado su voto para eso, colaborar con una guerra que iba a declarar el país más poderoso de la tierra a uno de los más pobres y oprimidos, con no sé que pretextos; y un grupo de actores, jugándose el tipo, en la entrega de los premios más importantes que se otorgan a su trabajo, los Goya, decidieron, como un solo hombre, hacer del acto un alegato firme contra la guerra. Ese alegato fue grabado por la televisión estatal y visto por millones de personas que, sentados en sus casas, protestaban airados por la colaboración con la guerra, pero no sabían que hacer para mostrar su enfado. Así empezó mi historia, despacito, paso a paso. Esos mismos actores, se fueron al congreso, pocos días después, pero avisaron antes y, muy tímidamente, los pocos ciudadanos que supieron lo que iba a pasar, se fueron a apoyarles. Toso esto que te cuento, lo sabes, lo digo por centrarte en mi historia, pero lo que no sabes o no con gran detalle, es que a aquel grupo de actores, se unieron escritores, músicos (ligeros y de los otros), arquitectos, directores de cine, cámaras, guionistas, payasos, bailarines, pintores, escultores, grabadores, fotógrafos, y se creó, en fin, la plataforma de “Cultura contra guerra”.

Ese grupo de gentes magníficas, que han puesto su tiempo, su ingenio y sus ahorros para tratar de evitar esa guerra, la guerra, han trabajado de sol a sol, han hecho pegatinas, camisetas, pancartas, banderolas, convocatorias, escritos. Han recogido y entregado firmas, convocado manifestaciones, se han reunido, han pedido y logrado infinidad de apoyos. No han parado, en fin, pero estalló la guerra y ellos han seguido, sin callar su protesta. Ha sido muy difícil. Parece ser que el 90% de los ciudadanos no querían la guerra, pero si la quería quien podía pararla y se metió en ella, quien manda en el país como en los viejos tiempos y no admite réplica.

Ahora hace falta dinero, dinero para los tullidos, para los huérfanos, para aquellos a los que amputan la piltrafa que ocupa el lugar de su pierna con una aspirina como toda anestesia. Y las buenas gentes, las enérgicas gentes que han luchado sin tasa, han decidido un esfuerzo mayor y, a ser posible juntos. Que mejor para ello que una exposición con las obras de todos, en que hagan música todos y actúen actores y bailen bailarines y hagan reír payasos. Era un proyecto hermoso y había que hacer un catálogo, también para recaudar fondos y para que colaborasen los escritores. Buscaron denodadamente un lugar digno y grande que acogiera a todos y no lo han encontrado. “No entramos en política”, “no tenemos fechas libres”, en fin, no queremos arriesgarnos.

¿No hacemos la exposición?, vaya si la haremos. Sacaremos el arte a la calle y, de nuevo, el esfuerzo de todos. Han pedido permiso, han logrado los plintos para las esculturas, los paneles para los cuadros, los textos para mí, los cuadros, las esculturas, los grabados, los músicos. Ahora sobra de todo y todos dan su parte para mandar allá donde más haga falta.

Alguien paga lo mío, alguien muy importante me ha diseñado, contengo obras de arte y textos y mil cosas, también muy, muy importantes y me van a vender para pagar desastres que han producido otros. No me digas que no soy algo más que un catálogo.

Dejo paso ahora a la amable señora que me ha dado su sitio a mí (que raro) para presentarme, no sin antes decirle, que agradezco el detalle.

El catálogo

El día 26 de abril de 2003, en la explanada de frente al Museo Reina Sofía, por el terror de los responsables de las salas estatales y no estatales y hermosas que tenemos en Madrid y, al aire libre, de 12 a 24, se va a producir todo eso que anuncia más arriba el catálogo, un tanto vanidoso, pero con justa vanidad, por eso le he dejado mi espacio para él, lo merece, es verdad. Su creación ha sido el producto del tesón, de la cabezonería de todos los responsables del magnífico espectáculo que van a presenciar y con el que pueden colaborar. Podrán llevarse cuadros, esculturas, grabados, fotos, de firmas conocidas y sabiendo, además, que lo que han pagado por ellos irá a subsanar lo que unos dementes megalómanos han producido y todos vemos, cada mañana en nuestro periódico sin saber que hacer y con una terrible sensación de impotencia.

El acto del 26, logrado con un esfuerzo que no podemos explicar, además, será otro grito más contra la prepotencia, contra la dictadura, contra, en fin, la guerra.

Sólo dos ruegos más. Si no pueden llevarse una obra de arte, llevénse el catálogo y, ante todo, cuando tengan que votar; en una de esas radiantes mañanas de fiesta democrática en que vamos a ejercer uno de nuestros más hermosos derechos de ciudadanos, recuerden por favor; no olviden todo lo que ha ocurrido y miren su catálogo.

Prólogo de AVAM

Asociación de Artistas Plásticos de Madrid

Cuando la Plataforma Cultura Contra la Guerra contactó con nosotros y nos pidió colaboración para realizar una exposición de artistas plásticos contra la guerra, inmediatamente quisimos sumarnos a la propuesta. Sugerimos que, aparte de las obras originales que los diferentes creadores enviaran a la Plataforma, ésta asumiera el compromiso de ampliar y plotear imágenes digitalizadas que los artistas hicieran expresamente para la ocasión, para lo cual realizamos una convocatoria abierta y diferente.

Ha sido nuestra intención expresar el rechazo a todas las guerras y a la generalización de la llamada teoría de la tolerancia cero no sólo con la cesión de una obra de arte. Ni en nuestras peores pesadillas podíamos imaginar que el concepto de globalización en su acepción más siniestra significara esto que está ocurriendo en la actualidad, ni que la citada teoría – que es una de las bases en las que se escudan los gobiernos agresores para lanzar su política de expansionismo a nivel global – se extendiera por todo el planeta con una celeridad y una fuerza que jamás hubiéramos pensado.

Esta idea que decidimos llamar “ploteados contra la guerra” quiso incluir tanto a artistas que normalmente trabajan en el ámbito de lo que podríamos llamar “arte social” como a aquellos otros que han sentido la necesidad de adecuar su modus operandi como respuesta al momento de excepción en el que nos han involucrado sin ningún tipo de consulta.

De la misma manera esperamos que esta iniciativa incida en la idea, compartida por todos, de que la cultura no es, como en los últimos tiempos nos quieren hacer comulgar, un mero ejercicio de entretenimiento sino una vía de conocimiento y de expresión crítica, la cual es necesaria para afrontar con garantías democráticas el presente que estamos viviendo y que es la hipoteca del futuro de todos.

Agradecemos el esfuerzo de todos los que han decidido participar en esta iniciativa.

La seguridad: un modelo social. Fragmento del ensayo publicado originalmente en Joan Fontcuberta, Seguritas, Fundación Telefónica, Madrid, 2001.

Jorge Luis Marzo

(…) Los EEUU es el país que posee más presos del mundo en relación a su población (1.700.000); es el país del mundo que tiene más condenados a muerte (3500); es el país del mundo, junto a Arabia Saudita, Siria, e Irán que más presos ejecuta; es el único país del mundo occidental que aplica sistemáticamente la tortura en sus cárceles; es el único país del mundo occidental que se niega a la creación de un tribunal internacional de crímenes de guerra; es el único país del mundo occidental que rechaza en rotundo la aplicación del Tratado de Kyoto para la reducción de la emisión de gases contaminantes (cuando produce un tercio del volumen mundial de los mismos); es el único país del mundo capaz de anular las comunicaciones por satélite de todo el resto de los países; es el estado del mundo que más interviene policialmente las comunicaciones de sus ciudadanos; es el país con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU que más veces lo ejerce; es el país que más intervenciones militares directas ha llevado a cabo sobre otros países durante el siglo XX; es el país con un mayor índice de analfabetismo de todo Occidente, etc., etc.

Es anonadante ver como unas políticas de evidente carácter neofascista son capaces de camuflar la realidad especialmente gracias a la tecnología, a los medios de comunicación y al impacto económico que su globalización ha comportado. Dado el impulso económico global generado por las tecnologías desarrolladas originalmente en los EEUU, éstos han sido capaces de crear una inmensa pantalla de protección política y moral como forma de consolidar su liderazgo internacional, siempre protegido gracias a su poderío militar. El concepto de seguridad en los EEUU es simplemente militar y policial, especialmente desde que el auge financiero de las nuevas tecnologías ha llevado a criminalizar la pobreza como quizás no se ha dado nunca en otro momento o en otra parte del mundo.

Esa nefasta influencia de la lectura norteamericana de la “seguridad nacional” ha legitimado internacionalmente la comprensión del secreto y de la mentira como formas de poder; plenamente operativas y ampliamente consensuadas, política, económica y socialmente. Los EEUU es un país fundamentalista e integrista en términos de seguridad; una idea de la seguridad que engulle todo lo demás: política policial de mercado; las actitudes de la gran mayoría de las corporaciones industriales y mediáticas se comportan al estilo militar; en sus lenguajes, formas y amenazas, llegando al secuestro (con las usuales prácticas monopolistas), Al chantaje (forzando a gobiernos de muchos países a tragarse grandes sapos sólo para conseguir que una fábrica se instale en ellos), e incluso a la participación directa en operaciones bélicas (ATT, ITT, Westinghouse, General Electric, IBM, Coca-Cola, CNN, Monsanto, más todas las universidades científicas… muchas de ellas con jugosos contratos o acuerdos militares). Estos comportamientos ya no son sólo propios de los EEUU, sino que están siendo defendidos también en el seno de muchos otros países…

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