Con abundante pigmento negro y en ese gusto por la materia, se desarrollan las últimas obras de Irene Palud, a veces, el negro alterado misteriosamente por los bordes, con formas, nos revela, todavía más su peso, su opacidad.

Los fondos negros de finas capas negras, que siempre permanecen, acogen en su manto los vigorosos trazos cromáticos. Los tintes se unen en gesto y sustancia para conformar un valor pictórico contrastado y existencial que desvela las formas ocultas, las difunde, las hace realidad.

La materia infinita se vuelve creadora, busca los cuerpos de luz reincidiendo hasta que los matices se muestren rebosantes o se amparen en la oscuridad.

Pintura climática, inquietante, honda, marcada por la propia pintura. Superficies donde la materia es a la vez espacio y tiempo. Pintura para la propia pintura, como un conjuro amoroso, como llamada atávica y absoluta de la pintura.

Sopesar las señales, estar atentos y plasmar con colores la luz, son el ánimo y la guía de Irene Palud.

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