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Mercedes Replinger

La perspectiva desde la cual se contemplan estas obras exige el contacto y a la vez rechaza la aproximación, la textura invita a tocar, mientras que la materia escondida tras la tupida geometría, evita el gesto revelando la imposibilidad de concluir ese acto destructor. Espacio formulado en términos de opuestos, juega con la tensión entre lo geométrico y lo orgánico: la certidumbre de la malla y el líquido del pigmento palpitante, presionando y casi a punto de desbordarse; la materialidad del soporte y la evanescencia de las imágenes sucediéndose en vertiginosa expansión. Aliento de fuego en una superficie fría y distante.

Pintura silenciosa, elocuencia del vacío, sonido de las cosas, que trascienden su corporeidad. Las piezas desocupan el espacio para generar una atmósfera inaprensible. Sin embargo, el predominio de lo ilimitado no resquebraja la forma: ésta permanece y se mantiene mediante un orden oculto que construye el soporte de la pintura.

Sustancia transparente la de estas pinturas, que remiten a una identidad autónoma, aislada en su soledad, para enfrentarse con los elementos primigenios que constituyen el vocabulario de la pintura. Huellas de un sueño que evocan la nostalgia de los significados de la vida y escapan al hermetismo de la materia.

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