Aquella misma noche me di cuenta del significado de ese negro fatal y seco, tantas veces
encontrado. Tus labios se movían, y era tal la violencia, que no oí lo que decían.
Oscuros y violentos momentos de un negro sordo, opaco, perpetrados desde las tinieblas
del alma. Todos los diablos que habitan el universo hacen presa en tu persona y remueven
las entrañas todas de la tierra.
La tez se te vuelve de pez negra y no necesito buscar la muerte.
Días negros que infestan la casa de negro. No hay lágrimas, hay terror sólo negro terror.
Y arrancados los sentidos todos, no sé que hora es. La casa está negra, y yo también.
Se puede oír el zumbido y el palpitar que sale de un pozo hondo y negro. Otra vez el terror.
Después, muchas horas después, cuando todo se abstrae; me dedico a limpiar y airear ese
negro tenaz agarrado de forma fatal como hiedra sobre pedernal.
Me pregunto, si el miedo le ofusca. ¿Es acaso un animal?
La herida se apaga, se seca, y podrida ennegrece y estanca la sangre. Sangre negra
empastada mil veces de negro y velado color.
Antonia Valero

 

 

 

 

 

 

 

 

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