See works and facilities

text conference

 

Mercedes Replinger

(…) Noche profunda tejida por luces y sombras como la danza nocturna que Antonia Valero propone en Passacaglia, (2002), cuyo título pasar la calle transformada en italiano por passar per calli remite a un tipo de danza española, parecida a la ciaccona hasta el punto de ser indistinguible de ella, que se difundió por toda la Europa del siglo XVII, fundamentalmente en Italia. Adaptada del ámbito popular a la música culta forma parte de algunas piezas inolvidables como Passacaglia en do menor de Johan Sebastian Bach o la Cuarta Sinfonía de Johannes Brahms. Una forma musical de cadencia lenta, casi solemne, basada en variaciones de una misma melodía que en cada repetición modificaba el acompañamiento además de cambiar de registro o tonos. En el momento de su expansión supuso una ruptura de las viejas formas cíclicas musicales como el Passamezo y la Romanesca. Composición oscura de tonos melancólicos se ajustaba como ninguna otra a un nuevo tipo de música afectiva, donde la melodía parece surgir de la prolongación apasionada del batir del corazón. Es la Passacaglia, por tanto, una repetición de cadencia sensual que no se manifiesta como el resultado de una construcción mental sino que se abre y brota, por la coincidencia de los ritmos con los movimientos que impone el propio cuerpo en el desarrollo musical.

Sonoridad ondulante, repetición de ritmos que se inscriben en esta Passacaglia de Antonia Valero como una instalación sobre la pared, un cordón negro formando un cuadrado perfecto de veinticuatro vueltas, iluminado por un potente foco de luz desde el suelo. La disposición casi escenográfica de esta pieza violentamente encendida acentúa la fuerza de la composición, prolongando in crecendo las líneas del cordón negro, más allá del cuadro, hacia el muro que se incorpora al conjunto de la pieza. Un intenso juego dramático de zonas bruscamente iluminadas frente a otras donde reina una profunda oscuridad; apasionados contrastes donde el negro, hecho al mismo tiempo de luz y tiniebla, compone un baile cuya progresión se detiene repentinamente, ocultándose. Como indica la propia artista, recurriendo al vocabulario musical, el juego de proyección de luces y sombras permanece más que interrumpido, literalmente, sostenido en el espacio y el tiempo: en esta ocasión me ha interesado desplegar el cordón negro una y otra vez. Esto revela una cadencia, a modo de letanía, casi idéntica que se podría seguir infinitamente, pero que al mismo tiempo queda sostenida, se para, en un momento dado. El ritmo no se agota, queda sostenido. Instalación auténticamente musical, la obra transforma la densidad, el peso que el color negro confiere a las cosas y los objetos en un sonido cuyo eco termina por desaparecer, mantenido en suspenso, congelado. Un sonido de luz teñido de noche que vibra y danza frente a nuestra vista dibujando, literalmente, las sombras.

Una noche que, como señala Maurice Blanchot se abre hacia un punto al que parecen tender en un mismo trayecto el arte, el deseo y la muerte: como el amor que rompe todos los vínculos, que quiere el fin y que quiere unirse al abismo…quien presiente la cercanía de la otra noche, presiente que se acerca al corazón de la noche, de esa noche esencial que busca. Es esa otra noche primordial que la mirada de Orfeo contempló en Eurídice, un vínculo con el deseo de lo informe que sólo puede mostrarse en la obra disimuladamente, como cubierta por un velo. Oscuridad luminosa de la noche española que, sin embargo, se inscribe en la materia; luz ensimismada y misteriosa que, lejos de renunciar a lo que encuentran los sentidos , dice María Zambrano, pide a la luz que se pliegue a ellos; que no les contradiga, sino que los potencie y asuma…luz que traspase, que trasverbere, que se incendie e incendie, sin destruir… que se traslade a la tierra el foco de la luz solar, su fuego central mismo y que las cosas opacas y frías vibren y sean ellas mismas. Que la materia no se ilumine sino que se incendie. …antes que ver pide que a luz se transfunda a los cuerpos . El resplandor que proyecta Passacaglia no es irradiación transparente del pensamiento, una luz homogénea y diáfana que cubre por igual todo el espacio, sin matices y, por tanto, sin sombras. Por el contrario, esta luz dilata la oscuridad en una superficie que estamos tentados de definir como aquella que caracteriza a un velado sentido.

←Anterior                  Siguiente→