Claraboya de PVC 163 x163 cm

Pintura negra

Espejos de 4 x 4 cm

 

Antonia Valero

Don Quijote, como buen caballero andante al igual que los poetas de la época, también tuvo una visión deformada de su amada; esto hace que podamos situarle dentro del amplio grupo de varones que imaginaban e idealizaban a la mujer para su propia gloria y provecho. Estamos hablando del siglo de oro en España.

Bajo su lente deformada y distorsionada consigue transformar a la mujer de la cual estuvo enamorado, cuyo nombre era Aldonza Lorenzo, en otra, que solo existía en su imaginación, y llevando hasta límites inimaginables su distorsión, le cambió el nombre llamándola Dulcinea del Toboso, dejando a la mujer real Aldonza en un estado de invisibilidad.

De esta manera, Dulcinea al ser solo una ideación, podía ser más fácilmente construida, dotándola de las características adecuadas para convertirse en “su princesa y señora”, y que encarnaba todos los tópicos de la mujer objeto idealizada. Una Dulcinea compuesta a base de fragmentos especulares en los que se reflejaba la situación de la mujer en la sociedad.

 

Su patria, El Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos ha de ser princesa, pues es reina y señora mía”

Don Quijote, I, 13.

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