Cuando Leonardo da Vinci, refiriéndose a la pintura, dijo que era una cuestión mental, sin duda se hallaba delante de un cuadro pintado por un niño.

Al contemplar las pinturas realizadas por ellos, nos preguntamos si realmente ven con los ojos o ven con el cerebro. La comunicación visual que trasmiten de su increíble, fantástico e individual mundo, nos envuelve de ternura y emoción estética, dejando una huella grabada en nuestra retina de difícil clasificación, y de más difícil explicación, pues los niños construyen lo que miran y lo transforman en un mundo propio.

Si observamos el empleo que hacen del color, de la forma, y de la distribución del espacio, notamos sus pensamientos y emociones, situadas en el espacio de la pintura con la mayor naturalidad y contundencia, y como en esa maravillosa mezcla de imágenes y emociones, propias de cada niño, se resuelve el cuadro en toda su pureza y riqueza.

Mis felicitaciones más sinceras por este testimonio de vida, tan rica y variada, y por vuestra capacidad para emocionarnos y transformar el mundo en mil mundos más.

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